miércoles, 23 de abril de 2014

BLOQUE BOLIVARIANO DEL ALBA


El giro a la izquierda en Costa Rica

Por: Andrés Oppenheimer
Cuando entrevisté al presidente electo de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, pocos días atrás y le pregunté qué impacto tendrá su elección como el primer presidente de izquierda, o centro-izquierda, de la historia reciente de su país, me dijo que no se unirá al bloque bolivariano del ALBA, y que será un presidente “moderado”, y “no muy distinto” a varios líderes progresistas de Europa y Estados Unidos.
Pero Solís —que asume el cargo el 8 de mayo, y que presidirá la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) durante lo que queda de este año— dijo al mismo tiempo que diversificará la política exterior de su país, que según sugiere ha estado demasiado enfocada hacia Estados Unidos, y que Costa Rica “va a tener muy buenas relaciones, como las ha tenido hasta ahora, con países miembros del ALBA”.
Agregó que “Costa Rica no se ha fijado en otros momentos de su política exterior hacia el sur, y yo quisiera hacerlo”, refiriéndose a su intención de “intensificar” las relaciones con Brasil, Uruguay y Chile.
Solís, un ex diplomático y profesor de relaciones internacionales que en 1999 fue investigador en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en Miami, asumirá la presidencia en medio de una creciente incertidumbre económica y política.
Poco después de su elección, la empresa de computación estadounidense Intel —cuya planta de microchips en Costa Rica era el principal escaparate de Costa Rica para atraer inversiones de alta tecnología—anunció que cerrará parcialmente sus operaciones en el país, despidiendo a 1,500 empleados. Horas más tarde, el Bank of America anunció que cerrará su “call center” de Costa Rica, despidiendo a 1,400 personas.
Para empeorar las cosas, la inversión extranjera en las zonas de libre comercio de Costa Rica ha caído en los últimos tres años.
Cuando le pregunté a Solís sobre estos golpes a la economía del país, me dijo que Intel y Bank of America “han dicho que su salida parcial de Costa Rica obedece a razones globales, y nada tiene que ver (en sus decisiones) ni mis declaraciones, ni mi elección, ni las condiciones internas del mercado interno costarricense”.
Agregó que las dos empresas esperaron hasta después de las elecciones para hacer sus anuncios “para no contaminar el proceso electoral”, y que ya tiene “noticias de nuevas inversiones que vienen, en un monto que probablemente se aproxime en términos de empleo a los empleos que se han perdido”.
Solís también tendrá que hacer frente a un complejo panorama político, ya que su partido solo controlará 13 de las 57 bancas de la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Pero el presidente electo aseguró que ningún partido político tendrá una mayoría legislativa, y eso obligará a todos a suscribir acuerdos negociados.
Preguntado sobre la crisis política de Venezuela, y sobre si Costa Rica mantendrá su tradición de liderazgo en la defensa de la democracia y los derechos humanos en todas partes, Solís dijo que Costa Rica “cometería un gran error” si se alejara de esa postura, pero agregó que como presidente de la CELAC deberá ser muy “mesurado” en su función de vocero de esa organización.
En cuanto a si Cuba es una dictadura, tal como la definió —correctamente a mi juicio— el ex presidente y Premio Nobel de la Paz costarricense Oscar Arias, Solís dijo que el gobierno de Cuba “ha sido criticado, justificadamente en otros momentos, por las violaciones que se cometieron a los derechos humanos, pero creo que es un gobierno que se desarrolla hoy en condiciones de mucha mayor normalidad”.
Al final de la entrevista, le pregunté a Solís quiénes son los líderes latinoamericanos que más respeta. Su respuesta fue: el presidente uruguayo José Mujica, y la presidenta de Chile Michelle Bachelet.
Manuel Orozco, un experto en Centroamérica del instituto de investigación Inter-American Dialogue, con sede en Washington, me dijo que “no creo que veamos cambios dramáticos en Costa Rica, ni en la política económica ni en la exterior, porque Solís no tendrá mucho margen de maniobra”. El país ha estado creciendo a tasas de casi 4 por ciento por varios años, y “Solís no hará nada que pueda poner en riesgo esa estabilidad”, agregó.
Mi opinión: Solís traerá una brisa de aire fresco a la política costarricense, que ha estado dominada por el Partido de Liberación Nacional —con pocas interrupciones— durante más de seis décadas. Había en el país una profunda exigencia de cambio, que la clase gobernante ya no podía satisfacer.
Solo espero que Solís cumpla su palabra y mantenga la tradición costarricense de liderazgo en defensa de la democracia y los derechos humanos, denunciando abusos vengan de donde vengan.
Algunos de los gobiernos izquierdistas moderados que admira, como el de Brasil, han reemplazado la defensa colectiva de la democracia por la defensa selectiva de la democracia: denuncian los abusos de gobiernos de derecha, pero no los de gobiernos de izquierda. Sería triste que Solís hiciera lo mismo.

PRESUPUESTOS SIN RESULTADOS


Presupuestos sin resultados

Editorial
La reducción de la desnutrición infantil se ha estancado en el gobierno de la inclusión social
Algo muy serio está pasando con la reducción de la desnutrición infantil en el país: en los últimos dos años se ha desacelerado hasta volverse casi insignificante. Esto, luego de haberse venido reduciendo de forma acelerada desde el 2007, como lo hizo notar el ex ministro de Economía Luis Carranza en estas páginas hace unos días.
En efecto, si vemos los números del INEI, apreciamos que ese indicador bajó casi diez puntos en cuatro años, de 28,5% de los niños menores de 5 años desnutridos en el 2007 a 19,5% en el 2011. Luego, sin embargo, la disminución ha sido muy pequeña: se llegó a 18,1% en el 2012 y a 17,5% en el 2013. De hecho, en el área rural, donde el problema es más grave, la desnutrición infantil incluso subió en el 2013 en relación con el año anterior (pasó de 31,9% a 32,3%).
Peor aún, en el relacionado tema de la anemia en niños de 6 a 36 meses, lo que apreciamos no es estancamiento sino franco aumento. Después de haber bajado 15 puntos de un altísimo y preocupante 56,8% en el 2007 a un 41,6% en el 2011, el porcentaje de niños con anemia subió en el 2012 a 44,5% y en el 2013 a 46,4%.
Demás está decir que dentro de las injusticias sociales –si se quiere, dentro de lo que viene negativamente decidido por el lugar socioeconómico del nacimiento de uno– la de la desnutrición infantil es de las más aberrantes. Al menos en términos profesionales, no sería exagerado decir que más diferencia hace la desnutrición infantil para quien la padece de niño, que la que, por mucho que se esfuerce, esa persona podrá hacer para sí misma de adulta. La desnutrición infantil y la anemia en los tres primeros años de vida ocasionan daños cerebrales irreversibles, reduciendo severamente diversas capacidades cognitivas y psicológicas.
¿Dónde está el problema? Ciertamente, no parece ser un tema de presupuestos: solo en el 2013 se dobló el presupuesto del programa para el Control de Crecimiento y Desarrollo (CRED) y, sin embargo, la cobertura del mismo no creció un ápice ese año. Más bien parecemos estar ante un problema de mala gestión del sistema de “presupuestos por resultados”; o, para decirlo en buen cristiano, de presupuestos que han dejado de dar resultados.
Y las malas noticias, lamentamos decirlo, no acaban ahí. Lo más preocupante es que tampoco parece vislumbrarse el camino para revertir esta situación. Más concretamente, tanto el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social(Midis), que fue especialmente creado por este gobierno para combatir estos flagelos, como el Ministerio de Salud, que es el responsable directo de la aplicación del Programa Articulado Nutricional, no tienen una explicación acerca de por qué se ha producido este estancamiento y retroceso. Y, por tanto, tampoco tienen una solución.
Acaso una explicación de lo sucedido sea la que dio el mismo Carranza. Al haber abandonado la metodología que usó el gobierno anterior y que partía de un diagnóstico de las enfermedades broncopulmonares y estomacales como las principales causas de la desnutrición, este gobierno habría dejado de atacar el problema por su raíz. Así, por ejemplo, se habrían reemplazado el énfasis en las vacunas por el énfasis en los desayunos.
Una hipótesis alternativa o complementaria es que, luego de haber disminuido aceleradamente la desnutrición infantil y la anemia entre el 2007 y el 2011, estamos llegando a un núcleo duro de pobreza que es más difícil de tratar y reducir. Si este fuese el caso, quizá la solución esté en atacar la base misma de la pobreza, que es el caldo de cultivo de la desnutrición: la escasa productividad y los consiguientes magros ingresos de las familias en que se produce. Tal vez sea la hora de profundizar en los programas que empoderan a estas familias para producir y salir por sí mismas de la pobreza, como la exitosa Sierra Emprendedora del Foncodes, en lugar de seguir centrándonos en los programas que simplemente tratan de combatir los resultados de esta pobreza.
Sea como fuere, está claro que las entidades a cargo de este tema necesitan sacar su periscopio y ver, por encima de lo que vienen haciendo, lo que no está funcionando, para luego replantear métodos y sus sistemas de monitoreo. La fórmula del más gasto con menos resultado indica que se hemos comenzado a dar palos de ciego en el tema de la desnutrición y ese es un lujo que un gobierno que quiere ser el de la “inclusión social” no debería de poder darse.

EXISTE UN EVIDENCIA EMPÍRICA ACERCA DE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

Pese a las evidencias todavía hay quienes insisten en ella

Más sobre los perjuicios de la Teoría de la Dependencia

En el artículo Grave error de lectura de América Latina explicamos cómo a partir de los años 50’, la llamada “Teoría de la Dependencia” desarrollada en la CEPAL y profundizada en la Fundación Getulio Vargas de Brasil, influyeron decisivamente en la formulación de políticas públicas en América Latina hasta el final de la década de los 80 (con excepción de Chile), constituyéndose en el soporte ideológico para promover modelos políticos estatistas y autárquicos, opuestos al comercio internacional, a la globalización y libertad económica.

A grandes rasgos, la Teoría de la Dependencia sostiene que los países en vías de desarrollo (“periferia”) mantienen una relación de desventaja -que extiende su situación de subdesarrollo- con los países desarrollados del “centro”. Esta teoría establece un modelo de análisis bajo el cual las economías de la periferia dependen de la exportación de recursos naturales (RRNN) a los países avanzados. Estos demandan dichos productos como insumos de sus industrias, intensivas en capital y tecnología. Por su parte, los países industrializados del “centro” venderían  a la “periferia” bienes manufacturados, de forma que su beneficio se basa en comprar RRNN a precios bajos y exportar manufacturas a precios altos. La idea central de esta teoría es que las condiciones de los países subdesarrollados empeorarían a través del tiempo debido a que la continua mejora tecnológica en los países del “centro” deterioraría permanentemente los términos de intercambio, incrementando los manufacturados y reduciendo el de los commodities.
La Teoría de la Dependencia le otorgó al Estado un rol predominante en la economía y en la estructura productiva a través de la aplicación, entre otros, del modelo de sustitución de importaciones que protegía la industria doméstica. Así, la aplicación de altos aranceles a las importaciones y extensos subsidios internos para estimular a los sectores considerados “estratégicos” por la burocracia, especialmente la industria y la manufactura, fueron las recetas aconsejadas por esta escuela de pensamiento económico. Esta misma filosofía de desarrollo endógeno (hacia adentro), fue aplicada posteriormente en los procesos de integración sub regionales.
No obstante, la evidencia empírica ha desacreditado extensamente las ideas y políticas derivadas de la Teoría de la Dependencia. Entre los años 50 y 60 que empezaban a germinarse estas ideas, mientras el Perú optaba por la autarquía y darle la espalda al mundo, en el Asia los llamados tigres asiáticos (Hong Kong, Singapur, Taiwán, Corea del Sur) se abrían a la inversión privada permitiendo la entrada de nuevas tecnologías e invertían fuertemente en capital humano. En 1950 el Perú tenía un ingreso per cápita 5 veces superior al de Corea del Sur (US$ 3,487 vs US$ 743). En 1992, el Perú tuvo un PBI per cápita de US$ 4,446 y Corea del Sur nos dobló, llegando a US$ 11,146. Es decir, la Teoría de la Dependencia y la autarquía económica nos costaron muy caro.
Posteriormente, luego de que el Perú abandonara estas ideas, en el 2012, alcanzamos un ingreso per cápita de US$ 9,278 (ajustado por poder de compra), pero  Corea del Sur ya había agarrado  otra viada, y creció hasta llegar a US$ 26,199.
No solo eso, la predicción de un continuo deterioro de los términos de intercambio entre los países en vía de desarrollo y los países industrializados nunca se dio. De hecho, la evolución de los términos de intercambio nos ha enriquecido en los últimos 20 años, y en el mundo moderno es viable acceder a tecnología de punta a precios cada vez menores. Más aún, hoy día está surgiendo un nuevo paradigma industrial, por ejemplo, con las impresoras 3D, que permitirán acceder a productos sofisticados con solo una computadora personal, un software y una impresora, sin grandes montos de inversión.
La Teoría de la Dependencia también ha generado de parte de sus seguidores un claro desprecio hacia el aprovechamiento productivo de los recursos naturales. Sin embargo, contradiciendo esto, Australia y Noruega, productores de RRNN, lideran el Índice de Desarrollo Humano. Esto evidencia, una vez más, que es viable lograr una convergencia hacia el “centro” a partir de políticas adecuadas que estimulen el crecimiento duradero aprovechando los RRNN y sin crear  industrias artificiales.
El balance de la aplicación de la Teoría de la Dependencia ha sido, sin duda, desastroso. A la subsecuente falta de competencia derivada de limitar el mercado solo a las posibilidades domésticas, se añadió que el control del tipo de cambio beneficie al sector transable con mayores márgenes (otra típica receta de esta escuela). No dejemos de recordar estas “ideas muertas”, porque todavía tienen acólitos que las promueven.

domingo, 20 de abril de 2014

JESUCRISTO HA RESUCITADO

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2014

homlia-vigilia-pascual
 
 
Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2014:
El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7).
Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).
Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».
Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.
También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.
Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.
En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.
Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.
El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

viernes, 18 de abril de 2014

DINERO MAL HABIDO


Los tentáculos del dinero sucio

Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Alan García, nuestros últimos tres Presidentes, se encuentran hoy condenados o vinculados respectivamente a la obtención de dinero fruto de actos ilícitos. Estamos hablando de la máxima autoridad nacional que caería en los tentáculos del dinero sucio y entonces ¡sálvese quien pueda! Ni el actual presidente Ollanta Humala se salva de estas vinculaciones. El ex presidente García, en su afán de defenderse de las acusaciones de la Megacomisión, llegó a vincular a Humala a las actividades del narcotráfico cuando era capitán del Ejército en el Huallaga. ¿A dónde vamos a parar? ¿Qué futuro político nos espera?

Cifras de espanto

El lavado de activos en Perú mueve unos US$6,500 millones al año y el narcotráfico bordea los US$2,000 millones, informó la procuradora antidrogas Sonia Medina. El lavado de activos se desarrolla en etapas como alejar los fondos ilícitos de toda asociación directa con el delito, así como borrar toda pista para burlar cualquier intento de rastrear el dinero. Medina precisó que su despacho maneja 18,856 procesos por tráfico ilícito de drogas, 59,602 procesos por tráfico ilícito en pequeña escala y 289 por lavado de activos.

Los mecanismos de lavado de activos son disímiles. Desde fachadas de negocios fantasma hasta la compra de inmuebles por miles de dólares.  Lo más grave, quizás, es la inmersión del dinero ilícito en las organizaciones políticas. Los continuos casos de autoridades elegidas vinculados a negocios ilícitos vienen dando las campanadas de alarma. Las denuncias van desde los gobiernos locales, como serían los casos del alcalde del distrito de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos, y el presidente regional de Ancash, César Álvarez, hasta lo nacional, con los casos de con congresistas investigados y hasta desaforados del parlamento nacional por sus vinculaciones a casos de corrupción. 

Un paso urgente

Frente a la cercanía de las principales elecciones en el Perú, del 2014 y 2016, un importante paso sería otorgar un financiamiento público a los partidos a fin de prevenir que el "dinero sucio" ingrese a las campañas políticas. El financiamiento público directo está contemplado en la actual Ley de Partidos Políticos, pero no se ha aplicado debido a una disposición transitoria que lo supedita a la disponibilidad de la caja fiscal. Esta ley debió implementarse a partir del 2007, pero no se hizo.

El ex magistrado del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Ulises Montoya, advirtió que el financiamiento público a los partidos contribuiría a la transparencia en los fondos partidarios, aunque señaló que aún falta fortalecer los mecanismos de fiscalización y de control sobre los mismos por parte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales.

La Comisión de Constitución del Congreso  aprobó en setiembre de 2013 hacer efectivo el financiamiento público para los partidos políticos a partir del 2014, pero la norma entrará en vigencia cuando el pleno confirme la decisión. ¿Qué espera nuestra representación nacional para hacer efectiva esta importante norma? 

DESINFORMACIÓN

Desinformación

Cuando se propala como primicia investigativa una información falsa

Foto
Por Gustavo Gorriti.-

El día de hoy, miércoles 16 de abril, El Comercio encabezó su primera plana con un estridente titular de tres líneas, que entrecomillaba una supuesta declaración reveladora de “siniestros planes” como calificaba en el colgado.
“Hay que liberar a los camaradas para que la lucha armada no caiga” es el título, que correspondería a una supuesta expresión del hoy detenido Alfredo Crespo, abogado de Abimael Guzmán y dirigente del Movadef.
El colgado sobre el “tema del día”, explica el título: “Estrategia del terror: Al descubierto los siniestros planes de Sendero Luminoso para reactivarse”.
La presunta revelación, firmada por los periodistas Rocío La Rosa y Rodrigo Cruz Arana, se desarrolla, en toda la página dos del diario, cuyo título: “Abogados de Abimael solicitaron dinero a ‘Artemio’ para retomar lucha armada”, la resume.
La información está basada en las declaraciones de un colaborador eficaz que afirma haber sido testigo de una reunión en el Alto Huallaga entre los abogados de Abimael Guzmán, Alfredo Crespo y Manuel Fajardo, con ‘Artemio’, entonces en libertad y al mando de algunas decenas de senderistas armados.
Alfredo Crespo (Foto: Publimetro.pe)

Según el colaborador eficaz, la reunión se produjo el 14 de abril de 2008. Crespo se ocultaba bajo el seudónimo de ‘Lucas’ y Fajardo bajo el de ‘Bartolo’.
La versión abunda en detalles de lo que supuestamente se habló en esa reunión, incluido el vino y la pachamanca.
En el mismo documento, el colaborador eficaz afirma que Fajardo, ‘Bartolo”, volvió al Huallaga, y que fue recogido el 22 de junio de 2008 del hotel ‘La Muralla’, en Tingo María, por dos senderistas cuyas chapas eran ‘Chocolate’ y ‘Chanchín’ que lo llevaron a la reunión con ‘Artemio’, descrita también en la nota de El Comercio.
La historia, pese a lo vieja, es sugerente. El problema es que no es cierta. No solo es falsa sino que se sabía que lo era desde por lo menos comienzos del año pasado.
Cuando se recibió la versión por primera vez, apenas se tuvo la declaración del colaborador eficaz, algunos oficiales de la Dircote expresaron dudas sobre la verosimilitud del testimonio. Monitoreaban a los abogados de Abimael Guzmán y no se les cocinaban las fechas.
El entonces ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, encargó verificar el contenido de la supuesta revelación a un oficial de investigaciones especiales de la Dircote. Este la llevó a cabo en poco tiempo y remitió a Pedraza un informe breve, de una página, que desmintió en forma contundente lo afirmado por el colaborador eficaz.
Los dos párrafos más importantes fueron resaltados en mayúsculas por el propio oficial de la PNP:
Extracto del informe elaborado por un oficial de la Dircote.

¿Cómo supo ese oficial que Fajardo no se hospedó en el hotel La Muralla? Porque obtuvo la lista de huéspedes y la pasó por todos los filtros de identificación y antecedentes hasta estar seguro de haber asociado cada nombre a una persona en concreto. Y ahí no estaba Fajardo.
Constatar que Crespo visitó a Abimael Guzmán en la Base Naval fue bastante más fácil. El entonces jefe del Centro de Reclusión de Máxima Seguridad en la Base, capitán de Navío AP Manuel Bulnes, lo certificó así en una comunicación dirigida al jefe del INPE, José Luis Pérez Guadalupe.
No siendo ubicuo, Crespo no pudo haber estado en esa fecha en el Huallaga.
El testimonio de ese colaborador eficaz era falso, como se demostró. No fue la única falsedad incluida dentro de las investigaciones policiales y fiscales que se llevaron a cabo entonces, pero esa es materia de otra nota.
El informe, hecho para prevenir una metida de pata del ministro y del sector, se encarpetó púdicamente en el ministerio.
Pero, unos meses después, el Mininter fue hackeado y una serie de documentos que produjeron distintos grados de bochorno, fueron repartidos al ancho mundo por loshackeadores.
Entre ellos, el informe del oficial de Policía desvirtuando la declaración del Colaborador Eficaz.
Finalmente, hasta el Movadef se percató de la existencia de esos documentos y los reprodujo en sus publicaciones web.
El hecho es que El Comercio presentó como una primicia sensacional algo que había sido probado como falso primero en privado y después en público, hace varios meses.
Otros medios han metido la pata también, pero la de El Comercio es la pata más grande (o, digamos, la más concentrada) en el periodismo nacional.
¿Por qué lo hizo? Hay dos razones posibles, que no son excluyentes: Por negligencia y descuido de los criterios más elementales de reportaje y verificación; o por desinformar.
Hace pocas semanas, El Comercio cerró su unidad de investigación y casi todos los periodistas dejaron el diario.
Se fueron los periodistas Miguel Ramírez, Óscar Castilla, Fabiola Torres y Nelly Luna. De la unidad de investigación solo quedó la periodista Elizabeth Salazar, pero la unidad en sí dejó de existir.
Es poco probable que, con la disciplina de verificación que desarrolla todo aquel que se dedica a investigar, una nota como la publicada hoy a tambor batiente y platillo restallante, hubiera sido firmada por alguno de los periodistas que salió.
¿Que como el Movadef está vinculado con Sendero, a nadie le importa? Pues sí que importa, y mucho. Una Democracia que no se defiende con la verdad, tarde o temprano deja de serlo. Quienes utilizan la desinformación, manejan el arma desarrollada por las dictaduras y que las define claramente: la mentira bajo la apariencia de verdad.

EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO

El mejor oficio del mundo

Palabras pronunciadas por el periodista y escritor colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura y presidente de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI–, ante la 52a. asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en Los Angeles, U.S.A., octubre 7 de 1996.
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años –siendo el peor estudiante de derecho– empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo… como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.
La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.
Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.
Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.
Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.
Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma –sobre todo si es oficial– y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.
Aún a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarle a los colegas jóvenes que el casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite –como un loro digital– pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.
La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.
Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica –reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras– bajo la dirección de un veterano del oficio.
En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.
La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado –que escasas veces puede ser de más de una semana–, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.
Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnífico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.
Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.
Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.
Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.