martes, 3 de diciembre de 2013

LA GUERRA SUCIA EN CAMPAÑA ELECTORAL

La “Guerra Sucia” y la hipocresía ante el arma electoral más antigua del mundo


Por: Gerardo Cabrejo
  Una simple googleada al término “guerra sucia” nos entregó un millón 10 mil resultados. Demasiados para revisar cada uno pero suficientes para entender esa verdad que Mao Tse Tung encerró en la frase “La política es la guerra sin efusión de sangre; la guerra es la política, con efusión de sangre”. La “guerra sucia” en elecciones, heredó su nombre de las“guerras de baja intensidad” que en los 60 se aplicaban para combatir a los grupos subversivos. Se le llamó “sucia” porque sus métodos de combate, no respetaban la Convención de Ginebra, destinada a “humanizar” las guerras, como si a éstas se pudiera quitar su esencial rasgo de inhumanidad. No hay nada más parecido a una guerra que una campaña electoral y aunque en éstas no se derrama sangre para dominar un territorio, el terreno a conquistar es la mente y el corazón de los electores, el ejército sonlos activistas y simpatizantes, las armas son los medios de comunicación y el mensaje es la munición que se dispara y que, cuando contiene imágenes, puede ser una bomba de racimo o un misil.

Las campañas electorales son emotividad en un 90%, pues sonlas emociones y no la racionalidad las que mueven a la sociedad y rigen el comportamiento humano. La denominada “guerra sucia” tiene alto impacto en las emociones de un grupo social y por ello es de gran importancia para cualquier candidato que aspire seriamente llegar al poder.

Se tejen demasiados mitos sobre la “guerra sucia” y aunque parezca cínico, no es nada más que aquel mensaje que busca sintonizar con aquellas cosas que el elector rechaza por esas fobias o temores que todos padecemos y su finalidad no es que el elector elija una alternativa de aquellas que la baraja electoral le presenta, sino a la inversa, que no elija a determinada opción.

En 1939 Manuel Prado, era ridiculizado como el “teniente seductor”, en 1956 Hernando de Lavalle vio mermadas sus posibilidades cuando su slogan “Tu lo conoces vota por él” fue mañosamente reemplazado por un “Tu lo conoces, ojo con él”, y no puede llamarse “guerra limpia” al epíteto de narcotraficante que el sanchecerrismo y el odrismo endilgaban a Haya de la Torre.

No son lejanos los “vendedores de manzanas chilenas” para generar repulsa a la nacionalidad de la esposa de Armando Villanueva y afectar su campaña en los 80 o las dosis de litio que supuestamente ingería Alan García; el spot televisivo contra el “Shock” de Vargas Llosa, las casas que vendía Fujimori antes de ser presidente, las portadas de los “diarios chicha”contra Andrade, los “hospedajes” de Toledo en el Mélody, las escobas de Olivera barriendo a Alan García o las incursiones del “Capitán Carlos” en Madre Mía, hasta llegar a los “potoaudios” de Lourdes Flores y sus relaciones con un acusado de narcotráfico.

Era “guerra sucia” para todos los gustos y de todos los orígenes. En la TV y en la filtración a la prensa de algunos secretos, en pintas y afiches, en rumores y panfletos; de izquierda y de derecha y ahora con un nuevo instrumento, el Internet y las redes sociales al alcance de todos y no sólo de los comandos de campaña.

La “guerra sucia” son un conjunto de mensajes con base en hechos ciertos y también inventados. Ocurre que si ese mensaje te desnuda como incompetente cuando fuiste funcionario público, si muestra que no eres agricultor cuando dices serlo, si evidencia que manejar una chacra de mangos no es lo mismo que convertir al Estado en tu chacra propia y si sorpresivamente se muestra una foto del candidato abrazado con un conocido narcotraficante; se invoca la “guerra sucia” como arma vedada en una campaña electoral.

Hipocresía pura, pues cuando se muestran los pecados de los contendores, le denominan trasparencia y aseguran que es bueno que los electores conozcan todos los ángulos posibles en la biografía de los candidatos;pero cuando se muestra la suciedad propia que esconden bajo el manto del pasado, claman al cielo y se ofenden cuando alguien les encara que su entorno no puede hablar de seguridad ciudadana, si se tiene un hermano delincuente que según la policía provee al hampa con municiones de uso militar; si se quebró una constructora y se estafó a proveedores y empleados, si se roba al Estado con una mala supervisión o se cambia el “Si es con Piura es conmigo” por un ”no es conmigo”, cuando alguien reclama una deuda impaga.

Lo cierto es que la “guerra sucia” tal como hoy se desarrolla en las redes sociales, por estar orientada a modificar las percepciones de un segmento del electorado, por ser no masiva pues se limita a “tus amigos del Face”, por tener altas dosis de sorpresa y sentido de oportunidad, aunque no siempre de creatividad y por generar respuesta inmediata en su audiencia;encaja en lo que hoy se conoce como “BelowThe Line” o publicidad BTL, cuyo nombre se traduce “Bajo la línea” y no esotra cosa que formas de comunicación a través de medios no tradicionales.

En la llamada “guerra sucia”, no sirve ni cabe mentir ni difamar pues para ello está la legislación penal que puede ser invocada por quienes sientan que no es verdad lo que se dice de ellos. Lo ideal sería que no exista,pero ello es un imposible pues, si desde los albores de la humanidad existió la lucha por el poder y la intriga como herramienta para llegar a él, hoy no se puede decir que mostrar los pecados, traiciones, miserias o inmoralidades de quienes aspiran ser elegidos, no es una forma de ayudar a que el público conozca “todos los ángulos” en la biografía de cualquier candidato e incluso,una forma de denunciar la corrupción.
Como consuelo sólo queda decir que así como la prostitución es el oficio más antiguo del mundo, el deseo por alcanzar el poder es su contemporáneo. Quizá sea por ello que hoy, política y prostitución, se parecen demasiado.

El Autor
Gerardo Cabrejo es Lic. en Comunicación de la UDEP, con una segunda especialidad en Política y Gestión Pública en la Universidad Federico Villarreal, Becario del Gobierno de Israel en la Universidad de Haifa donde se diplomó en Administración de Gobiernos, especializado en Comunicación Corporativa en la Universidad ESAN donde siguió otras tres especializaciones.Consultor en comunicación organizacional en proyectos del BID y PNUD y en importantes entidades públicas.

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