miércoles, 7 de agosto de 2013

AGRICULTURA FAMILIAR SINÓNIMO DE DESARROLLO

CON APOYO ADECUADO LA AGRICULTURA FAMILIAR
PUEDE CONTRIBUIR AL FUTURO DEL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE

Eve Crowley es la Directora Adjunta de la División de Género, Equidad
y Empleo Rural en la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura, es el punto focal para la Agenda de
Desarrollo Post 2015, y es antropóloga especializada en sistemas de
producción rural y desarrollo rural sostenible.

La agricultura familiar es una de las formas de agricultura más
difundidas en todo el mundo, tanto en países desarrollados como en
países en vías de desarrollo. El sector cuenta con un amplio espectro
de fincas de diversos tipos y tamaños, que van desde las enormes
fincas en las economías avanzadas, fácilmente cultivadas por uno o dos
miembros de la familia con el uso de maquinaria y con mano de obra
contratada, hasta las pequeñas explotaciones en las economías de bajos
ingresos de unas pocas hectáreas o menos, que normalmente están
orientadas a la subsistencia y tienen pocos excedentes
comercializables. Estas pequeñas explotaciones familiares, normalmente
a cargo de productores de pequeña escala, son por mucho las más
numerosas: a nivel mundial hay aproximadamente 500 millones de
pequeñas explotaciones familiares (280 millones de las cuales se
encuentran solo en China e India) (IFPRI, 2007). Por lo tanto, a pesar
de que los agricultores familiares y los productores de pequeña escala
no son grupos idénticos, sí comparten varios elementos en común y por
lo tanto se enfrentan a una serie de desafíos semejantes.

Sin embargo, y a pesar de su prevalencia, el papel central que
desempeña la agricultura familiar para la seguridad alimentaria no es
un tema ampliamente discutido. Aquí se podría definir la agricultura
familiar como una forma de organizar la agricultura, la silvicultura,
la pesca, la ganadería y la piscicultura, que se administra y se lleva
a cabo por una familia y depende en su mayor parte de la mano de obra
familiar no asalariada, lo que incluye tanto a mujeres como a hombres.
De hecho, los productores familiares producen la mayor parte de los
alimentos consumidos en los países en vías de desarrollo, y cultivan
más del 80% de la tierra en Asia y África. Si bien el objetivo de este
artículo no es proponer la agricultura familiar como una alternativa a
la agricultura comercial, o negar sus vínculos con la pobreza, hay que
dejar claro que la agricultura familiar puede ser una forma de
agricultura viable, siempre que estén presentes ciertas condiciones.
Sin embargo, no es difícil constatar que en realidad estas condiciones
están, por lo general, ausentes, lo cual ha dado lugar a un importante
debate sobre el futuro de la agricultura familiar, que culminará en el
Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) 2014, una
iniciativa coordinada por el Foro Rural Mundial (FRM), contando con el
apoyo de más de 350 organizaciones de 60 países en los 5 continentes,
en colaboración con el Gobierno de las Filipinas, facilitada por la
FAO y aprobada por la Asamblea General de la ONU.

Por lo tanto, a pesar de que la agricultura familiar puede que no
parezca tan ordenada y científica como la agricultura comercial, se
podrían lograr importantes beneficios siempre y cuando reciba el apoyo
necesario. Una de las razones principales es que, dado que la familia
y la granja están vinculadas y evolucionan conjuntamente, combinan no
sólo funciones económicas, sino también una serie de otras funciones
‘ocultas’, como ambientales, reproductivas, sociales y culturales, a
menudo en lugar de instituciones públicas o del sector privado. Las
funciones ambientales pueden incluir el enriquecimiento de la tierra,
la captura de carbono atmosférico, la purificación del agua, el
control de plagas, la polinización y el enriquecimiento de la
biodiversidad. Las funciones reproductivas y sociales incluyen el
cuidado de los niños y las niñas, la nutrición, el suministro de agua
y de energía, la educación, la salud, la seguridad social, y la
gestión de riesgos. Las funciones culturales contemplan la transmisión
de identidad, de conocimientos y de tecnologías, así como de valores
simbólicos y religiosos vinculados a los recursos y las tierras. En el
desempeño de estas funciones, la agricultura familiar suele ser una
manera de mantener el patrimonio familiar, el patrimonio cultural, los
terrenos, los paisajes y las comunidades. Como resultado, la
motivación de los agricultores familiares suele ir mucho más allá de
la maximización de ganancias, y abarca otros motivos sociales,
culturales y ecológicos.

Por lo tanto, no es casualidad que la agricultura familiar sea una
forma de agricultura tan difundida. Las distintas motivaciones que
enfrenta la mano de obra familiar, a diferencia de los trabajadores
asalariados, y especialmente el fuerte incentivo de trabajar por el
bienestar de su propia familia, reducen considerablemente los costes
de supervisión asociados con el trabajo agrícola. Además, dado que los
agricultores familiares generalmente tienen vínculos
inter-generacionales con los terrenos que cultivan, su trabajo también
suele proporcionar continuos servicios ecológicos y cuidado de los
recursos naturales. Debido a esto, la agricultura familiar es
especialmente apta para las explotaciones que se caracterizan por una
diversidad de actividades económicas y por paisajes de tipo mosaico,
donde la supervisión y el conocimiento necesario para las numerosas
pequeñas decisiones de gestión y de producción que hay que hacer sobre
la marcha, se traspasan con mayor eficiencia y eficacia a trabajadores
familiares.

En este sentido, no sería desatinado plantear que existe una
correlación entre las ventajas de supervisión de la agricultura
familiar y el aspecto del terreno: mientras que los trabajadores
familiares, a falta generalizada de medios mecánicos, se adaptan muy
bien a los paisajes de tipo mosaico, los costes de supervisión
asociados con la mano de obra contratada se amortizarían generalmente
sólo con trabajo en explotaciones de monocultivo. En esencia, un
trabajador familiar está mejor ubicado para tomar decisiones
semi-autónomas en los distintos micronichos de la granja de manera que
refleje los intereses de la familia agraria y de los recursos
ambientales a su disposición. El incentivo de la posterior ganancia
indirecta al que se enfrenta cada miembro de la familia es muy
diferente al incentivo de los trabajadores contratados, que más bien
responden sobre todo a los salarios basados en tareas específicas
predefinidas - una situación que no encaja bien con la complejidad del
paisaje. Apoyar a la agricultura familiar, por lo tanto, también
implica dar preferencia a un tipo determinado de paisaje y a un
conjunto de tradiciones que son más conducentes a la protección de la
biodiversidad, al equilibrio ecológico, y a la buena gestión del medio
ambiente.

Una vez más, no se trata de elegir entre la agricultura familiar y la
agricultura comercial a gran escala. Sin embargo, a pesar de que está
claro que la agricultura familiar tiene ventajas considerables
comparada con la agricultura comercial a gran escala, el hecho es que
es una forma de agricultura poco documentada y bastante olvidada en
los debates pertinentes, ya sea en los foros internacionales o a nivel
nacional entre instituciones públicas encargadas de la agricultura, la
reducción de la pobreza, o asuntos sociales. Esto es precisamente lo
que el Año Internacional de la Agricultura Familiar pretende abordar.
El principal objetivo de la AIAF será elevar el perfil de la
agricultura familiar y de la agricultura de pequeña escala, y de
centrar la atención del mundo sobre su papel clave en la reducción del
hambre y de la pobreza y en garantizarla seguridad alimentaria y
nutricional, mejorando así los medios de vida, la gestión de los
recursos naturales y la protección del medio ambiente para lograr un
desarrollo más sostenible, particularmente en zonas rurales.

Esto es, sin duda, un avance positivo. Sin embargo, hay que atemperar
el panorama idílico que se ha pintado hasta el momento de la
agricultura familiar con ciertas limitaciones. En primer lugar, a
pesar de que los bajos costes de supervisión hacen que la agricultura
familiar sea relativamente productiva en los países en vías de
desarrollo, el número de miembros de la familia económicamente activos
suele limitar la posible escala de producción, a menos que las
familias tengan acceso a medios mecánicos o que se constituyan en
organizaciones de productores y cooperativas. Además, las
explotaciones familiares normalmente cultivan terrenos altamente
fragmentados y divididos en varias parcelas, lo que reduce aún más la
posibilidad de economías de escala. Los agricultores familiares
también suelen ser pobres porque tienen limitada fuerza de negociación
o capacidad de defender sus intereses en el mercado, así que su
posibilidad de responder a los incentivos del mercado a menudo se ve
limitada por la escasez de oportunidades técnicas y de mercado
disponibles. Debido a que las fincas familiares mezclan objetivos de
producción y de consumo, la proporción relativamente alta de consumo
básico en el presupuesto de las familias pobres también puede limitar
su capacidad de responder a los incentivos del mercado.

Además, la agricultura familiar se basa en miembros con distintas
capacidades físicas, habilidades, destrezas, oportunidades y
limitaciones, que varían, en parte, en función de sexo y edad. Estas
características influyen sobre las relaciones intra-familiares, que a
su vez afectan la distribución de recursos, funciones y
responsabilidades. Dicho de manera sencilla, la distribución
intra-familiar de los recursos y responsabilidades en fincas
familiares por lo general no es equitativa, especialmente respecto a
las mujeres y los niños y niñas. Se sabe por ejemplo que si se cerrara
la brecha de productividad entre los géneros en lo que se refiere al
acceso desigual a los recursos y los insumos, se podría aumentar la
producción agrícola total en los países en vías de desarrollo y así
dar lugar a una reducción en el número de personas que padecen
desnutrición a nivel mundial (FAO, Estado de la Agricultura y la
Alimentación 2010-11). Además, alrededor del 60% del trabajo infantil
a nivel mundial tiene lugar en el sector agrícola, la mayor parte en
producción familiar y de pequeña escala. Estas son realidades
lamentables que el modelo de agricultura familiar tiene que tomar en
cuenta y abordar si es que quiere aumentar su contribución a la
igualdad social y de género, a la prosperidad inter-generacional y al
bienestar humano.

Más allá de estas limitaciones, hay una serie de cuestiones espinosas
que deben ser abordadas. Por ejemplo, ¿rebotaría un mayor apoyo a la
agricultura familiar como un boomerang en forma de más trabajo
infantil, más desigualdad de género y mayor deterioro del medio
ambiente? La supervivencia rural implica mucho más que seguridad
alimentaria: requiere acceso a la energía, la infraestructura y los
servicios públicos, y hay funciones clave en el hogar que también
deben seguir ocurriendo. Pero si la parte ‘agricultura’ de la
agricultura familiar se intensifica, siempre existe el riesgo de que
la parte ‘familia’ pueda disminuir en consecuencia. Así, por ejemplo,
¿cómo aseguramos que, si los alimentos se vuelven más caros, los niños
y las niñas no serán obligados a trabajar más para poder pagar las
cuentas en la granja familiar? Además, si las mujeres incrementaran su
participación en la agricultura, quizá como trabajadoras contratadas,
¿cómo nos aseguramos de que no se llevarán a los niños pequeños con
ellas al campo por falta de opciones, o que a las niñas rurales no se
vean obligadas a interrumpir sus estudios para que asuman las
responsabilidades que quedarían sin hacer en casa? Por último, si es
que se implementaran más proyectos de concentración parcelaria para
unificar los terrenos fragmentados, ¿cómo nos aseguramos de que los
beneficios ecológicos de los paisajes de tipo mosaico no serán
sacrificados en nombre de la eficiencia y de la competitividad? Estos
son algunos de los problemas a los que el Año de la Agricultura
Familiar pretende encontrar soluciones a fin de mejorar la
contribución de la agricultura familiar al desarrollo sostenible.

Por el momento, el futuro de la agricultura familiar en el largo plazo
es incierto, sin embargo las decisiones que tomamos hoy bien podrían
determinar su futuro y el futuro del desarrollo rural en general. Lo
cierto es que debido a su prevalencia y a sus ventajas, la agricultura
familiar puede desempeñar un papel importante para la alimentación
mundial y la erradicación de la pobreza, garantizando la gestión
sostenible de los recursos naturales y de los servicios ecológicos, y
preservando el patrimonio cultural local. La agricultura familiar en
las economías de bajos ingresos normalmente es una ocupación de último
recurso, pero bajo condiciones adecuadas, puede convertirse en piedra
angular tanto del desarrollo rural como del crecimiento económico
nacional de un país. Con suerte el Año Internacional apoyará a los
agricultores familiares incluyendo a todos los actores interesados -
mujeres, hombres, jóvenes y ancianos -para buscar nuevas formas para
que ellos puedan mejorar su bienestar, su sostenibilidad y su
capacidad de alcanzar sus propios deseos para un futuro mejor.
 
Por: Efraín GómeZ

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