CON APOYO ADECUADO LA AGRICULTURA FAMILIAR PUEDE CONTRIBUIR AL FUTURO DEL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE Eve Crowley es la Directora Adjunta de la División de Género, Equidad y Empleo Rural en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, es el punto focal para la Agenda de Desarrollo Post 2015, y es antropóloga especializada en sistemas de producción rural y desarrollo rural sostenible. La agricultura familiar es una de las formas de agricultura más difundidas en todo el mundo, tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. El sector cuenta con un amplio espectro de fincas de diversos tipos y tamaños, que van desde las enormes fincas en las economías avanzadas, fácilmente cultivadas por uno o dos miembros de la familia con el uso de maquinaria y con mano de obra contratada, hasta las pequeñas explotaciones en las economías de bajos ingresos de unas pocas hectáreas o menos, que normalmente están orientadas a la subsistencia y tienen pocos excedentes comercializables. Estas pequeñas explotaciones familiares, normalmente a cargo de productores de pequeña escala, son por mucho las más numerosas: a nivel mundial hay aproximadamente 500 millones de pequeñas explotaciones familiares (280 millones de las cuales se encuentran solo en China e India) (IFPRI, 2007). Por lo tanto, a pesar de que los agricultores familiares y los productores de pequeña escala no son grupos idénticos, sí comparten varios elementos en común y por lo tanto se enfrentan a una serie de desafíos semejantes. Sin embargo, y a pesar de su prevalencia, el papel central que desempeña la agricultura familiar para la seguridad alimentaria no es un tema ampliamente discutido. Aquí se podría definir la agricultura familiar como una forma de organizar la agricultura, la silvicultura, la pesca, la ganadería y la piscicultura, que se administra y se lleva a cabo por una familia y depende en su mayor parte de la mano de obra familiar no asalariada, lo que incluye tanto a mujeres como a hombres. De hecho, los productores familiares producen la mayor parte de los alimentos consumidos en los países en vías de desarrollo, y cultivan más del 80% de la tierra en Asia y África. Si bien el objetivo de este artículo no es proponer la agricultura familiar como una alternativa a la agricultura comercial, o negar sus vínculos con la pobreza, hay que dejar claro que la agricultura familiar puede ser una forma de agricultura viable, siempre que estén presentes ciertas condiciones. Sin embargo, no es difícil constatar que en realidad estas condiciones están, por lo general, ausentes, lo cual ha dado lugar a un importante debate sobre el futuro de la agricultura familiar, que culminará en el Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) 2014, una iniciativa coordinada por el Foro Rural Mundial (FRM), contando con el apoyo de más de 350 organizaciones de 60 países en los 5 continentes, en colaboración con el Gobierno de las Filipinas, facilitada por la FAO y aprobada por la Asamblea General de la ONU. Por lo tanto, a pesar de que la agricultura familiar puede que no parezca tan ordenada y científica como la agricultura comercial, se podrían lograr importantes beneficios siempre y cuando reciba el apoyo necesario. Una de las razones principales es que, dado que la familia y la granja están vinculadas y evolucionan conjuntamente, combinan no sólo funciones económicas, sino también una serie de otras funciones ‘ocultas’, como ambientales, reproductivas, sociales y culturales, a menudo en lugar de instituciones públicas o del sector privado. Las funciones ambientales pueden incluir el enriquecimiento de la tierra, la captura de carbono atmosférico, la purificación del agua, el control de plagas, la polinización y el enriquecimiento de la biodiversidad. Las funciones reproductivas y sociales incluyen el cuidado de los niños y las niñas, la nutrición, el suministro de agua y de energía, la educación, la salud, la seguridad social, y la gestión de riesgos. Las funciones culturales contemplan la transmisión de identidad, de conocimientos y de tecnologías, así como de valores simbólicos y religiosos vinculados a los recursos y las tierras. En el desempeño de estas funciones, la agricultura familiar suele ser una manera de mantener el patrimonio familiar, el patrimonio cultural, los terrenos, los paisajes y las comunidades. Como resultado, la motivación de los agricultores familiares suele ir mucho más allá de la maximización de ganancias, y abarca otros motivos sociales, culturales y ecológicos. Por lo tanto, no es casualidad que la agricultura familiar sea una forma de agricultura tan difundida. Las distintas motivaciones que enfrenta la mano de obra familiar, a diferencia de los trabajadores asalariados, y especialmente el fuerte incentivo de trabajar por el bienestar de su propia familia, reducen considerablemente los costes de supervisión asociados con el trabajo agrícola. Además, dado que los agricultores familiares generalmente tienen vínculos inter-generacionales con los terrenos que cultivan, su trabajo también suele proporcionar continuos servicios ecológicos y cuidado de los recursos naturales. Debido a esto, la agricultura familiar es especialmente apta para las explotaciones que se caracterizan por una diversidad de actividades económicas y por paisajes de tipo mosaico, donde la supervisión y el conocimiento necesario para las numerosas pequeñas decisiones de gestión y de producción que hay que hacer sobre la marcha, se traspasan con mayor eficiencia y eficacia a trabajadores familiares. En este sentido, no sería desatinado plantear que existe una correlación entre las ventajas de supervisión de la agricultura familiar y el aspecto del terreno: mientras que los trabajadores familiares, a falta generalizada de medios mecánicos, se adaptan muy bien a los paisajes de tipo mosaico, los costes de supervisión asociados con la mano de obra contratada se amortizarían generalmente sólo con trabajo en explotaciones de monocultivo. En esencia, un trabajador familiar está mejor ubicado para tomar decisiones semi-autónomas en los distintos micronichos de la granja de manera que refleje los intereses de la familia agraria y de los recursos ambientales a su disposición. El incentivo de la posterior ganancia indirecta al que se enfrenta cada miembro de la familia es muy diferente al incentivo de los trabajadores contratados, que más bien responden sobre todo a los salarios basados en tareas específicas predefinidas - una situación que no encaja bien con la complejidad del paisaje. Apoyar a la agricultura familiar, por lo tanto, también implica dar preferencia a un tipo determinado de paisaje y a un conjunto de tradiciones que son más conducentes a la protección de la biodiversidad, al equilibrio ecológico, y a la buena gestión del medio ambiente. Una vez más, no se trata de elegir entre la agricultura familiar y la agricultura comercial a gran escala. Sin embargo, a pesar de que está claro que la agricultura familiar tiene ventajas considerables comparada con la agricultura comercial a gran escala, el hecho es que es una forma de agricultura poco documentada y bastante olvidada en los debates pertinentes, ya sea en los foros internacionales o a nivel nacional entre instituciones públicas encargadas de la agricultura, la reducción de la pobreza, o asuntos sociales. Esto es precisamente lo que el Año Internacional de la Agricultura Familiar pretende abordar. El principal objetivo de la AIAF será elevar el perfil de la agricultura familiar y de la agricultura de pequeña escala, y de centrar la atención del mundo sobre su papel clave en la reducción del hambre y de la pobreza y en garantizarla seguridad alimentaria y nutricional, mejorando así los medios de vida, la gestión de los recursos naturales y la protección del medio ambiente para lograr un desarrollo más sostenible, particularmente en zonas rurales. Esto es, sin duda, un avance positivo. Sin embargo, hay que atemperar el panorama idílico que se ha pintado hasta el momento de la agricultura familiar con ciertas limitaciones. En primer lugar, a pesar de que los bajos costes de supervisión hacen que la agricultura familiar sea relativamente productiva en los países en vías de desarrollo, el número de miembros de la familia económicamente activos suele limitar la posible escala de producción, a menos que las familias tengan acceso a medios mecánicos o que se constituyan en organizaciones de productores y cooperativas. Además, las explotaciones familiares normalmente cultivan terrenos altamente fragmentados y divididos en varias parcelas, lo que reduce aún más la posibilidad de economías de escala. Los agricultores familiares también suelen ser pobres porque tienen limitada fuerza de negociación o capacidad de defender sus intereses en el mercado, así que su posibilidad de responder a los incentivos del mercado a menudo se ve limitada por la escasez de oportunidades técnicas y de mercado disponibles. Debido a que las fincas familiares mezclan objetivos de producción y de consumo, la proporción relativamente alta de consumo básico en el presupuesto de las familias pobres también puede limitar su capacidad de responder a los incentivos del mercado. Además, la agricultura familiar se basa en miembros con distintas capacidades físicas, habilidades, destrezas, oportunidades y limitaciones, que varían, en parte, en función de sexo y edad. Estas características influyen sobre las relaciones intra-familiares, que a su vez afectan la distribución de recursos, funciones y responsabilidades. Dicho de manera sencilla, la distribución intra-familiar de los recursos y responsabilidades en fincas familiares por lo general no es equitativa, especialmente respecto a las mujeres y los niños y niñas. Se sabe por ejemplo que si se cerrara la brecha de productividad entre los géneros en lo que se refiere al acceso desigual a los recursos y los insumos, se podría aumentar la producción agrícola total en los países en vías de desarrollo y así dar lugar a una reducción en el número de personas que padecen desnutrición a nivel mundial (FAO, Estado de la Agricultura y la Alimentación 2010-11). Además, alrededor del 60% del trabajo infantil a nivel mundial tiene lugar en el sector agrícola, la mayor parte en producción familiar y de pequeña escala. Estas son realidades lamentables que el modelo de agricultura familiar tiene que tomar en cuenta y abordar si es que quiere aumentar su contribución a la igualdad social y de género, a la prosperidad inter-generacional y al bienestar humano. Más allá de estas limitaciones, hay una serie de cuestiones espinosas que deben ser abordadas. Por ejemplo, ¿rebotaría un mayor apoyo a la agricultura familiar como un boomerang en forma de más trabajo infantil, más desigualdad de género y mayor deterioro del medio ambiente? La supervivencia rural implica mucho más que seguridad alimentaria: requiere acceso a la energía, la infraestructura y los servicios públicos, y hay funciones clave en el hogar que también deben seguir ocurriendo. Pero si la parte ‘agricultura’ de la agricultura familiar se intensifica, siempre existe el riesgo de que la parte ‘familia’ pueda disminuir en consecuencia. Así, por ejemplo, ¿cómo aseguramos que, si los alimentos se vuelven más caros, los niños y las niñas no serán obligados a trabajar más para poder pagar las cuentas en la granja familiar? Además, si las mujeres incrementaran su participación en la agricultura, quizá como trabajadoras contratadas, ¿cómo nos aseguramos de que no se llevarán a los niños pequeños con ellas al campo por falta de opciones, o que a las niñas rurales no se vean obligadas a interrumpir sus estudios para que asuman las responsabilidades que quedarían sin hacer en casa? Por último, si es que se implementaran más proyectos de concentración parcelaria para unificar los terrenos fragmentados, ¿cómo nos aseguramos de que los beneficios ecológicos de los paisajes de tipo mosaico no serán sacrificados en nombre de la eficiencia y de la competitividad? Estos son algunos de los problemas a los que el Año de la Agricultura Familiar pretende encontrar soluciones a fin de mejorar la contribución de la agricultura familiar al desarrollo sostenible. Por el momento, el futuro de la agricultura familiar en el largo plazo es incierto, sin embargo las decisiones que tomamos hoy bien podrían determinar su futuro y el futuro del desarrollo rural en general. Lo cierto es que debido a su prevalencia y a sus ventajas, la agricultura familiar puede desempeñar un papel importante para la alimentación mundial y la erradicación de la pobreza, garantizando la gestión sostenible de los recursos naturales y de los servicios ecológicos, y preservando el patrimonio cultural local. La agricultura familiar en las economías de bajos ingresos normalmente es una ocupación de último recurso, pero bajo condiciones adecuadas, puede convertirse en piedra angular tanto del desarrollo rural como del crecimiento económico nacional de un país. Con suerte el Año Internacional apoyará a los agricultores familiares incluyendo a todos los actores interesados - mujeres, hombres, jóvenes y ancianos -para buscar nuevas formas para que ellos puedan mejorar su bienestar, su sostenibilidad y su capacidad de alcanzar sus propios deseos para un futuro mejor. Por: Efraín GómeZ
miércoles, 7 de agosto de 2013
AGRICULTURA FAMILIAR SINÓNIMO DE DESARROLLO
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