¿Problemas en el corto
plazo? A trabajar
en el largo plazo
Por: Carlos E. Paredes
1. La economía mundial se está desacelerando; las perspectivas de los precios de nuestras exportaciones se han deteriorado y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (CC) se incrementará de manera importante. La Reserva Federal en EE.UU. podría modificar su política y con ello cambiar el curso de la economía mundial en el corto plazo. Este posible endurecimiento monetario se suma a recortes en el gasto federal norteamericano, por lo que la desaceleración económica en ese país y en el mundo podría ser mayor que la prevista. De hecho, los organismos multilaterales continúan revisando sus pronósticos de crecimiento a la baja. Y nos volvemos a preguntar: ¿ya fueron las vacas gordas?
2. En este contexto, ¿qué es lo que deberían hacer nuestras autoridades? Plantear una política fiscal anticíclica (incrementar el gasto público) y/o señalar que el BCRP debería estimular el gasto privado bajando su tasa de interés de referencia (cuando el tipo de cambio está subiendo) no tiene mayor asidero y podría ser contraproducente. Medidas cortoplacistas como las indicadas no estimularían la economía, lo que probablemente generarían sería mayor ruido y turbulencia (debido al deterioro fiscal inducido y a la mayor volatilidad cambiaria). El consecuente incremento en la incertidumbre tendría, más bien, un efecto negativo sobre la inversión privada y el crecimiento.
3. El año pasado, el crecimiento llegó a 6.3%, el superávit del sector público fue de 2.2% del PBI y el déficit en la CC representó 3.6% del PBI. En el último reporte de inflación del BCRP estas cifras se proyectan en 6.1%, 0.7% y 4.4%, respectivamente. Probablemente, el crecimiento sea menor (por debajo del 6%) y el déficit externo algo mayor (llegando a niveles que harán levantar la ceja a más de un analista). Estas cifras muestran por qué plantear una política anticíclica carece de sentido. La situación macroeconómica no está mal. No es muy probable que el crecimiento caiga por debajo del 5%, pero si incrementásemos el gasto fiscal, podríamos incurrir nuevamente en un déficit público e incrementaríamos el ya abultado déficit externo. ¿Qué hacer entonces?
4. Apostar por el mediano plazo. Priorizar el gasto de inversión en vez del gasto corriente y preocuparnos más por la calidad del gasto que por el nivel del gasto público. En este mismo sentido, resulta indispensable destrabar la inversión privada. El mantener altas tasas de inversión privada en un contexto de desaceleración global es ya en sí una meta difícil de lograr, pero evidentemente casi imposible de alcanzar si es que entrampamos innecesariamente la acumulación de capital en el país.
Que hay que cuidar el medio ambiente. Sí, sin duda. Que hay que proteger a las comunidades nativas. Por supuesto. Pero lo que no podemos hacer es empoderar a minorías para que, por desconocimiento, incapacidad o intereses subalternos, frustren las expectativas de las mayorías, que claman por más oportunidades y aspiran a un mejor futuro.
5. ¿Son las recientes medidas de promoción y agilización de la inversión pública y privada apropiadas? Sin duda, los anuncios del Gobierno apuntan en la dirección correcta. Cabe preguntarse, sin embargo, ¿con qué equipo gerencial se van a implementar? Difícilmente con gerentes mal pagados. Hay que ser realistas y corregir el error del Gobierno anterior en este campo (tal vez el mayor error en materia económica de García II). Trabajar en el mediano plazo requiere mejorar la limitada capacidad de gestión del sector público. Si no lo hacemos, incurriremos en un altísimo costo para la sociedad.
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